REALIZAR UNA FACILITACIÓN DE CALIDAD Y CALIDEZ EN EL AULA DE ENLACE ES POSIBLE Y NECESARIA

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Por Alba Sánchez, Equipo Lit. 

El Aula de Enlace es una iniciativa dentro del programa “Escuelas de Bienvenida” de la Comunidad de Madrid que tiene como finalidad atender al alumnado extranjero que no habla castellano o no tiene suficiente competencia en esta lengua. Con esta acción educativa se facilitaría la adquisición de competencias lingüísticas que permitan la participación de este colectivo de jóvenes y el logro de la igualdad de oportunidades en el acceso a los bienes y recursos disponibles a nivel escolar y social. Desde esta acción inicial deberíamos posibilitar el intercambio de referentes culturales desde el respeto en igualdad de condiciones a las diferentes culturas para lograr espacios donde se creen nuevos significados y sean compartidos por el grupo y permitan transferirse y ampliarse a toda la comunidad educativa.

Diferentes culturas, costumbres, lenguas y experiencias de aprendizaje formal entran en contacto en el mismo espacio dentro de un sistema educativo desconocido para ellos y ellas. Es imprescindible prestar atención a la enseñanza de las lenguas. Algunas miradas sobre la comprensión y el aprendizaje de las lenguas nos ayudan a establecer relaciones entre ellas y a aprenderlas de forma significativa pero para ello hemos de diseñar experiencias de aprendizaje basadas en la confianza y en la colaboración.

Por eso nos preguntamos: ¿cómo puede la persona facilitadora generar un ambiente de confianza que favorezca su aprendizaje?

Antes de nada, romper la verticalidad en el aula desde el primer día es determinante para crear calidez en el aula y un entorno amable y seguro para que el alumnado se exprese con libertad y adquiera confianza. Algunas recomendaciones para lograrlo pueden ser: disponer las mesas en círculo y que la persona facilitadora forme parte de él, crear una playlist del aula con las elecciones del alumnado y ponerla de fondo para la entrada, salida, descansos o momentos de trabajo y realizar dinámicas grupales de confianza para cohesionar el grupo. Para esto último, hay que tener en cuenta que la cuestión lingüística es un impedimento para su comunicación en este estadio inicial. Por ello, se adoptarán actividades que se adapten a las necesidades del grupo en ese momento. Existen numerosos ejemplos de dinámicas de grupo útiles para acentuar la cohesión y aquí tienes algunos.

A continuación, trataremos de identificar el objetivo que quiere alcanzar este alumnado, enumerar los retos a los que se enfrentan para lograr su meta, comprender la complejidad de estos desafíos y poner en marcha un plan para afrontar tal reto como colectivo. El alumnado tiene que sentir que, junto con la persona facilitadora, son un equipo que trabaja conjuntamente, tiene una buena comunicación y alcanza sus propósitos con éxito.

Para este colectivo de estudiantes, sus objetivos principales por excelencia son aprender a comunicarse en castellano y desarrollar la suficiente competencia lingüística para expresarse en esta lengua cómodamente. No obstante, antes de llegar a su meta, hay una serie de retos a los que se tienen que enfrentarse. Para identificarlos es más que recomendable que sea el propio alumnado el que participe en la misma enumeración de los desafíos que tienen por delante y los propósitos que quieren alcanzar. Junto a la persona facilitadora, una vez hayan adquirido algo de vocabulario básico y, a través de dinámicas de grupo participativas, podrán llegar a sus propias conclusiones basadas en sus necesidades individuales y como colectivo. 

Por ejemplo, se puede crear una sesión en la que se invite al aula a antiguos alumnos y alumnas del aula de enlace del mismo centro para trabajar en pequeños grupos en la elaboración de un póster con retos. Trabajar en grupos más reducidos y con compañeros y compañeras más cercanas a su edad aportará mayor intimidad y cercanía a la sesión. Además, podrán aprender de las experiencias de aquellas personas que estuvieron antes en el aula y tendrán la posibilidad de ampliar su red de amistades en el centro más allá de la clase. 

 

La idea es que este colectivo se sienta escuchado, que sus necesidades están puestas en valor y que, fijándose en la experiencia de los alumnos y alumnas que estuvo antes en el aula de enlace, aprecie más el camino que tiene que recorrer para alcanzar su propósito. Además, al estar guiados y guiadas por una persona facilitadora, este alumnado entenderá a esta figura como su aliada en este viaje y establecerá una relación de confianza y apoyo con ella. 

Del mismo modo, si junto a la persona facilitadora se traza un plan de actuación para abordar los retos de manera conjunta, se estará poniendo en el foco de atención a estos y estas estudiantes y sus necesidades y se entenderá a la persona facilitadora como una ayudante en el proceso. De esta forma podrán encontrar medios con un impacto positivo en su aprendizaje y con los que este alumnado se pueda sentir cómodo y seguro. Algunas de estas actividades para lograr sus objetivos pueden ser: 

  • Priorizar el trabajo colaborativo para que el contacto intercultural sea más directo y se ofrezca la oportunidad de generar conocimiento colectivo. Para ello, diariamente, se pueden establecer parejas de trabajo y, además de realizar su tarea, que, al final de día, manifiesten en una breve encuesta su grado de satisfacción trabajando con esa persona una vez haya concluido la sesión. Puede ser simplemente un sistema de emojis con caritas felices, serias o tristes (¡lenguaje universal!). 
  • Plantear situaciones reales para que participen activamente en prácticas significativas y sepan cómo enfrentarse a diferentes contextos. Por ejemplo, recrear situaciones en el barrio, en el instituto, en el centro comercial, etc. 
  • Equiparles con herramientas académicas y lúdicas para emplear tanto dentro del aula como fuera de él como, por ejemplo, libro de texto, libros de lectura seleccionados, recursos online (WorkAdventure), plataformas colaborativas (Classroom, Miro, Creately, etc.), clubs en el instituto, actividades extracurriculares y salidas culturales. De esta manera podrán adquirir y emplear sus conocimientos de una manera útil no solo en el contexto académico sino en su vida diaria. 
  • Generar oportunidades de contacto, por ejemplo, a través del emparejamiento con un compañero o compañera español del centro para que le ayude a ubicarse allí y ser su pequeña guía especialmente en el primer trimestre del curso escolar. 

También, la realidad que viven en el aula se presta a que la persona facilitadora acerque el aprendizaje de este alumnado a una educación en valores (como el respeto y la diversidad). La situación intercultural que se da en el aula de enlace sirve como ilustración del mundo global y multicultural en el que vivimos. 

Por ello, a través de ejemplos claros de su propia convivencia en el aula y gracias al apoyo de recursos audiovisuales (como el visionado de películas a través de Aulafilm) se pueden exponer y abordar cuestiones que se dan por el mero choque de culturas en el aula (ej. homofobia, racismo y religión). Por ejemplo, a raíz del visionado se pueden crear entrevistas a familiares y amigos/as y presentar en el aula para activar un pequeño debate seguro y fomentar el desarrollo de una mentalidad global.  

Además, ¿por qué no aprovechar la mayor flexibilidad del currículo académico de las Aulas de Enlace? Sin exámenes ni evaluaciones rígidas, las clases pueden llevarse al terreno colaborativo y práctico con mayor facilidad. El equipo facilitador tiene luz verde para adaptarse a las necesidades de este alumnado y no al revés, como suele ocurrir en las aulas convencionales. Es más, se puede realizar ese aprendizaje “a medida” que demandan los y las estudiantes

Por ello, la evaluación no tiene por qué ser numérica sino que se puede medir a través de la resolución grupal de un desafío que le plantea la persona facilitadora. Por ejemplo, el día final de la evaluación del trimestre, la persona facilitadora  divide a los y las estudiantes del aula de enlace en grupos y crea una situación compleja en la que tengan que proponer una solución a ese desafío comunicativo empleando las herramientas y competencias que hayan ido desarrollando hasta la fecha y presentar sus resultados a la clase.

Por último, hay que tener en cuenta que el aprendizaje de una lengua extranjera y de una cultura no empieza y acaba en un aula sino que es un proceso largo, continuo e integral. Para que estos y estas estudiantes puedan desarrollar su competencia lingüística y empaparse del nuevo contexto cultural y social, hace falta tiempo, actitud y dedicación. Este viaje no estará exento de conflictos, pero provocar la curiosidad y el deseo de entender los retos a los que se enfrentan y equiparles con herramientas y valores para afrontarlos es fundamental para construir su aprendizaje y su persona.

Este alumnado tiene todo un reto de transición personal, social, educativa, cultural y lingüística por delante. Sin embargo, si cuentan con el acompañamiento efectivo y flexible de una persona facilitadora su proceso de adaptación será más sencillo, más cercano, más disfrutable y desarrollarán un proceso de aprendizaje auténtico a todos los niveles. 

Sí, una facilitación de calidad y calidez es útil en el Aula de Enlace… Y necesaria. Si quieres profundizar en los modelos de enseñanza interculturales comencemos por dar la importancia que tiene al capital cultural de la escuela; en el Máster Lit tendrás la oportunidad de hacerlo.

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